Mudanza en agosto en Sant Feliu de Guíxols: cómo encajar la fecha en temporada alta

Mudanza en agosto en Sant Feliu de Guíxols: cómo encajar la fecha en temporada alta

Agosto es el mes en que más llaves cambian de mano en la Vall d’Aro y, a la vez, el que menos margen deja para improvisar. Repasamos cómo se prepara un cambio de casa con la ciudad llena: la hora de cargar, el hueco en la calle y lo que conviene dejar guardado hasta septiembre. Quien busca una empresa de mudances en pleno agosto suele llamar tarde, y media hoja de calendario lo arregla.

Por qué agosto concentra las mudanzas en Sant Feliu de Guíxols y la Vall d’Aro

Buena parte de las viviendas del valle no se usan igual doce meses seguidos. Hay casas que se abren con la primavera y quedan cerradas desde octubre, apartamentos que solo se ocupan en verano y pisos de alquiler que cambian de manos cada temporada. Ese calendario arrastra al de los camiones: los relevos de inquilino y las entregas de llaves se amontonan entre junio y septiembre, y agosto cae justo en medio. No es que apetezca mudarse con cuarenta grados; es que el contrato, la venta o el final del alquiler caen ahí y no en noviembre.

Encima, dentro del mes la demanda se concentra otra vez. Los últimos días, cuando se firma o se entrega, y los fines de semana, que es cuando quien se muda puede estar en casa, son las fechas más pedidas de todas. Con esa doble punta, la agenda de la comarca se cierra pronto. Quien avisa con dos semanas por delante escoge día y hora; quien llama el martes para el viernes se queda con el hueco que haya quedado suelto. Apartar fecha con antelación no acelera el trabajo, pero permite elegir cuándo se hace.

A qué hora carga un camión de mudanzas en el Passeig del Mar en verano

Temprano. En el frente marítimo y en el entorno del puerto la mejor franja son las primeras horas, antes de que suban las persianas y salgan las terrazas a la acera. Con la calzada libre el vehículo entra, gira y para donde tiene que parar, y las cajas hacen el recorrido hasta el portal sin esquivar a nadie. Media hora más tarde, con el paseo ya en marcha, esa misma maniobra pide el doble de tiempo y molesta al barrio entero.

Hay otra razón para madrugar: el tramo peatonal y la franja acotada de carga y descarga que rige en esa zona marcan cuándo se puede estar allí con el camión. Es un horario que se conoce y se respeta, así que el plan del día se dibuja alrededor de él. Se empieza por lo voluminoso, que es lo que ocupa la calle, y el embalaje menudo o el montaje quedan para después, cuando el vehículo ya está cargado y fuera del paso de todo el mundo.

Reservar el hueco de carga en el nucli antic cuando el centro está lleno

El espacio para el camión se pide al Ayuntamiento con días por delante. Se indica la calle, el tramo, la jornada y las horas, y la víspera se señaliza el hueco para que amanezca despejado. Del trámite y de la señalización se encarga la empresa, que es quien sabe cuántos metros hacen falta según el vehículo y según si el elevador va a apoyarse en la acera. En agosto, con el centro lleno, ese papel es lo que separa parar a pie de portal de dar tres vueltas buscando sitio.

Cuando la calle no admite el vehículo grande, cosa que pasa en La Rambla, en la Plaça del Mercat y en las calles del entorno de la Porta Ferrada, se trabaja en dos tramos. El camión queda estacionado donde puede girar y esperar, y una furgoneta enlaza con el portal haciendo viajes cortos. Suma algún desplazamiento, pero evita bloquear una calle estrecha en plena temporada y permite cargar sin discutir el sitio con nadie.

Traslado parcial: qué viaja en agosto y qué espera en el guardamuebles

En esta costa se pide mucho la mudanza a medias. Viaja lo que se usa a diario: la ropa, la cocina, la cama, la mesa y el sofá. Se queda lo que no hace falta hasta que termine una obra, se firme una venta o vuelva la temporada siguiente. Y lo que se queda no desaparece de la lista: se embala, se anota pieza a pieza y se guarda a resguardo con la misma referencia que llevará el día en que se devuelva, de modo que siempre se sabe qué hay dentro.

El mobiliario que se lleva llega montado a la vivienda de destino: armario armado, somier en su sitio y mesa lista para cenar esa noche. Lo que espera vuelve igual cuando toca, montado y colocado, no apilado en el recibidor. Es el formato que encaja con el guardamobles entre temporades del que se vive aquí, y también con la familia que entra en un apartamento pequeño en verano y recupera el resto de sus muebles ya en invierno.

Embalar con calor: proteger colchones, cuadros y electrónica hasta la descarga

El verano añade sus propios cuidados. El colchón viaja con funda, que lo aísla del polvo y del roce dentro del camión. Espejos y cuadros van con manta y esquinera, de canto y nunca planos. La vajilla pide papel de sobra, pieza a pieza y con las tapas envueltas aparte. Y hay un aviso que en agosto vale más que ninguno: ni las cajas ni los aparatos electrónicos se quedan horas al sol dentro de un vehículo cerrado, porque ahí dentro el calor sube mucho más de lo que parece desde la acera.

El rotulado es la otra mitad del trabajo. Cada caja lleva escrita la estancia a la que va, de manera que en destino entra directa a su habitación en lugar de acabar en un montón en el pasillo. Lo frágil se marca aparte para descargarlo con calma y al final del todo. Cuando se termina, el cartón, el plástico y las esquineras usadas se recogen y se retiran, en vez de quedarse ocupando el rellano o la acera durante una semana.

Cómo se aparta una fecha de mudanza en la temporada alta de la Costa Brava

El circuito es corto. Primero se valora qué hay que mover y por dónde va a salir: el volumen que ocupa, cuántos pisos hay que salvar, qué admite la cabina del ascensor y dónde puede quedarse el vehículo mientras se carga. Se hace en casa o por videollamada, lo que prefieras. Con esos datos sale el presupuesto por escrito, con el equipo, el material, el elevador si la finca lo pide y el día reservado. Al aceptarlo, esa fecha queda bloqueada y ya no se ofrece a nadie más. Sin ese paso no hay reserva, solo una intención.

En julio y en agosto conviene mover ficha con semanas por delante, porque en la comarca los huecos buenos vuelan. Ayuda que se trabaja los siete días, de 8 a 20 h: eso abre cargas de sábado, de domingo y de primera hora que en otros calendarios no existen, y muchas entregas de llaves de temporada se resuelven precisamente ahí. Si ya tienes una fecha en la cabeza, cuéntanoslo en contacto y te decimos enseguida si ese día sigue libre.

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